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La tortuosa senda del samurai

Quiero que quede bien claro que este artículo no es un análisis, review o como queramos llamarlo. Es, simplemente, una breve crónica sobre mi primer contacto con Way of the Samurai 3. Este primer contacto lo realicé a unas horas un tanto inadecuadas para jugar a un juego más denso que un Buscaminas o uno de esos juegos conversacionales hentai para pajilleros, o sea, de madrugada. También he de decir en mi descargo que ni me molesté en leer el manual, ni siquiera en echarle un vistazo rápido, pues creí, idiota de mí, que el juego empezaría con un tutorial bien mascadito a modo de calentamiento, como es habitual en estos tiempos.

Está escrita a modo de bitácora, y a base de frases cortas, pensamientos apresurados, como ágiles pinceladas en un cuadro impresionista (joder, estoy que lo vierto; dos o tres cursiladas más como esta y mando a Paulo Coelho a la cola del paro), respetando en la medida de lo posible el estilo escueto, conciso, de las notas que fui tomando mientras jugaba.

Bueno, comencemos:

Partida 1:

  • Decido empezar rápido. Al pajar se va a lo que se va. Esta es de prueba, luego viene la buena, ¿no?
  • Le doy a mi personaje el nombre de Kamijou Touma (Touma Kamijou, para nosotros). A quien le suene, sí, es el protagonista de Toaru Majutsu no Index, un anime que estoy viendo ahora. No, no se me ocurre nada mejor, lo siento. Además, para qué cansarme, si no tengo ni la más mínima puta idea de japonés. [Nota off the record: si alguna vez algún friki desorejao os dice que viendo anime subtitulado se aprende japonés, decidle aquello de “y si mi abuelita tuviese ruedas, sería un carromato”.]
  • Aparezco tirado en un campo de batalla. Unos campesinos me encuentran. Mi primera reacción, por ridículo que parezca (no lo parece, lo es) es sacar a paseo la herreruza, o sea, desenvainar la espada. Huyen despavoridos, como era de esperar. Me quedo con una cara de gilipollas que todavía me dura.
  • Me dedico a dar vueltas como un imbécil hasta que llego a un sitio llamado Castillo de Minori. En mi cerebro suena la voz de Rie Kugimiya, en su papel de Taiga Aisaka, gritando “¡Minoriiiiiiiin! ”. Debería dejar de ver anime de una puta vez.
♥ ¡Minoriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin! ♥

♥ ¡Minoriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin! ♥

  • Hablo con un fulano en taparrabos que me propone enrolarme en no sé qué facción. La idea me mola. Desenvaino la espada al pulsar por error el botón R1. El tío se pone de canto y aparecen otros tres o cuatro compadres con ganas de fiesta, espada en ristre. Me dan una paliza estilo La Naranja Mecánica. Fundido en rojo. Mi PS3 me informa: la cagaste, Burt Lancaster. Y mis primos de la katana, a celebrarlo al Moloko Milk Bar.
  • Game Over.

Parida 2:

  • Una vez más, llamo a mi samurai Kamijou Touma. Sigue sin salirme de los huevos currármelo.
  • Vuelvo a aparecer tirado como una colilla. Vuelven los campesinos, pero esta vez decido hacerlo bien: en vez de desenvainar, les digo que estoy bien y acto seguido me desmayo. Joder, con lo sanote que estaba en la partida anterior.
  • Los campesinos me llevan al pueblo de Tatakane (o algo así). Me despierto en un futón, bajo un techo que no reconozco. Salgo de la casa. Justo afuera está el anciano del pueblo. Se me da la opción de tirar de toled… esto… de katana o de hacer una profunda reverencia. Ni pa ti ni pa mí: me limito a hablar con el viejo. Éste me echa la bronca porque sí. Me dice que es un antiguo samurai y que por eso sabe que los samurais como yo somos unos indeseables, unos snobs y unos follatabiques. También me dice que mucho cuidadito con armar jaleo en el pueblo. Tengo déjà vues de Fallout 3. Me encanta el cariz que está tomando esto.
  • Un par de bribones de poca monta están baboseando a una moza. Como tengo ganas de repartir estiba, saco la espada y les doy una manita de mandobles. La chica es monísima y además ha resultado ser la chica-tutorial. Sí, en todos los pueblos de Japón hay una. Las pone el ayuntamiento. Me empampo bien de las explicaciones que me da.
  • Robo un nabo de un huerto. Porque sí, porque se me pone en los cojones. Casi seguro que alguien me ha visto, pero nadie me dice ni mu. No todo van a ser desgracias en casa del pobre.
  • Me acerco a una señora. Me dice que sus cuchillos no cortan. Seguro que los compró en el teletienda ese de madrugada. Me ofrezco a ayudarla con la tarea, ya que yo sí tengo una cosa que corta por ahí a mano. Comienza un minijuego consistente en cortar al vuelo las verduras que la señora me lanza. Todo como muy Zelda. No pinta mal.
  • La señora me lanza no sólo verduras, sino de vez en cuando me tira pedruscos que, supuestamente, he de esquivar. Son las horas que son, mi capacidad de reacción está entre 0 y -1. No sólo no consigo cortar ni una verdura, sino que encima me llevo unas cuantas pedradas.
  • A la tercera pedrada, me voy al suelo. “Vaya, he fallado el minijuego -pienso. Bueno, ahora mismo lo vuelvo a intentar”. Fundido en rojo. Mi PS3, diligente, me vuelve a informar de que he vuelto a pringarla.
  • Game Over.
  • Me froto los ojos, vuelvo a mirar la pantalla.
  • Game Over.
  • ¿Cómo? ¿Minijuegos secundarios que te penalizan con muerte, pantalla de Game Over y pantalla de titulo? Es una puta broma, ¿verdad?
  • No, no lo es. Decido cargar la partida, aprovechando la función de guardado automático del juego.
  • Yo tirado en el campo de batalla, campesinos… ¡Un momento! ¿Me vais a hacer empezar desde el puto principio?
  • Respiro hondo, cuento hasta diez.
  • Vuelvo a hablar con los campesinos, vuelvo a desmayarme.
  • De nuevo despierto. Voy a ver al anciano del pueblo. Le hago una reverencia. Éste se queda tieso como un pejepalo, imposible el alemán (gracias, don Ramón Sopeña), y pasa de mi culo. Empezamos bien.
  • Doy una vuelta por el pueblo. Me encuentro a un fulano haciendo el payaso. Me acerco. Dice que me ha lanzado un hechizo y me pide 10 yenes por los servicios prestados. Le mando a paseo.
  • Me encuentro una vieja. Me pide 100 yenes. Ya no sé si soy un samurai errante o una puta ONG. Le pregunto “¿Se ha perdido, abuela?”. Me llama insolente y me da una patada en una espinilla. Genial, soy el único individuo armado y entrenado para matar de todo el pueblo y hasta las viejas me toman por el pito del sereno.
El auténtico y genuino Pito del Sereno™

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  • Me enuentro a otra vieja. Como soy tonto reincidente, me acerco y la hablo. Me propone una mision: encontrar su ropa interior favorita, que debe de estar en el campo de Kaguchihara (o algo asi), que es de donde vengo. Lo peor de todo es estoy tan desesperado por empezar a hacer ALGO de una puta vez que acepto. Mi primera mision en este juego es buscar la braga-faja de una vieja. Siento que Dios acaba de matar a un gatito… por mi culpa.
  • Doy unas cuantas vueltas más por el pueblo. Los bribones babosos vuelven a babosear a la chica-tutorial. Me los cargo otra vez. Rebusco entre sus cadáveres. Me gestiono un par de katanas de chichinabo y algo de comida. La vieja de la patada me dice que “soy una persona horrible” por hacer eso.
  • Voy a Kaguchihara. Esta todo lleno de fiambres de la reciente batalla. Rebusco entre los fiambres. Sólo encuentro un onigiri podrido y una espada tan afilada como un rodillo de amasar. Empiezo a odiar mi vida de samurai errante.
  • Hay una chica con un enorme cesto a la espalda. Intento hablar con ella, pero sólo consigo que me embista, pues va todo el rato corriendo como alma que lleva el diablo. Su propósito es rebuscar entre los fiambres. Qué bonito es encontrar a alguien que comparte tus aficiones.
  • Llego a una especie de tenderete. Hay una lanza. La recojo. Hay un hatillo. Lo recojo. Resulta ser la ropa interior de la puta vieja. Grandioso. This was a triumph. Me la agencio y me dispongo a volver a Tatakane.
  • En mi camino de vuelta me topo con un cuervo. Me picotea un poco y se larga volando antes de lograr asestarle una buena cuchillada. Mensaje del sistema: “La ropa de la vieja ha sido robada. Has fracasado en tu empresa”. Mi vida de samurai errante es, en efecto, una puta mierda.
  • Busco al cuervo. Búsqueda infructuosa, como era de esperar. Lo que no sé es cómo coño se me ha ocurrido la feliz idea, para empezar. La chica del cesto me embiste otra vez. Mi vida de samurai errante no es una puta mierda, es lo siguiente a eso.
  • Vuelvo al pueblo de Tataka-loquesea. Luego vuelvo a Kaguchi-algo. Tengo la esperanza de que el escenario se “reinicie” y la braga-faja (o lo que sea) de la vieja reaparezcan por algún sitio. O el cuervo. O ambos. O Morfeo con las pastillas roja y azul. O un señor con un micrófono diciéndome que todo esto ha sido una puta broma de cámara oculta y que voy a salir en la tele. Lo que sea. Soy así de capullo a veces.
  • Me tropiezo con un juglar calvo con un shamisen. Me dice que puede salvar mi partida, pero primero tengo que golpearle. A estas alturas, mi suspensión de la lógica es total; le hago caso. El tío sale corriendo como un pollo sin cabeza al segundo sablazo.
  • Me encuentro a un tipo calvo parecido al juglar. Blande dos espadas cortas. El juego lo etiqueta como cazador de samurais. Hay que ver qué aficiones mas raras tiene alguna gente. Le aguanto un par de asaltos, pero estoy mas bien verde en combate y me da una paliza.
  • La palmo.
  • Fundido en rojo
  • Game Over.
  • Balance de “puntos de samurai” negativo por “actos de bellaqueria”. No entiendo una mierda. ¿Qué es lo que he hecho mal?
  • Decido que va siendo horita de dejar de hacer el tolai y de irme a la cama. Mañana empiezo en serio con este juego. Tengo más moral que el alcoyano.

Pescao vendido. Y no, no habrá review de Way of the Samurai 3. Me da pereza.

Safe Creative #1005296446890




1 barrunte/s para esta entrada

  1. CronoNo Gravatar expone:

    Lo de “Parida 2″ ha sido totalmente premeditado ¿no? :D


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